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Manos vacías

Luego de regresar al campo rentado, el uruguayo Juan Álvarez no logra adaptarse. Comenzó obteniendo el status para la primera mitad de la temporada del PGA TOUR Latinoamérica -jugando en gran manera- y su muy buena actuación ilusionaba a muchos en el golf uruguayo. Sin embargo, la realidad marcó otra cosa totalmente distinta, porque Álvarez no ha podido pasar un corte clasificatorio en el circuito.

Siempre lejos de los scores de los punteros, el uruguayo no tenía el marco para regresar al profesionalismo; su juego no estaba maduro, ni que hablar su preparación física, sumado a que no contaba con el respaldo económico suficiente para solventar los altos costos de la gira.

El golf profesional no es el mismo de otras décadas. Obviamente hay excepciones como la de Ángel Cabrera, ganador de dos títulos “Majors”.

Álvarez, de una gran performance como aficionado, llegó a su punto más alto cuando se consagró campeón Sudamericano individual en Lima en 2016. Cambiando de continente, las actuaciones con sus pares europeos y/o estadounidenses lo apabullaron y Álvarez quedó relegado.

En Uruguay, la ansiedad de no esperar y los malos consejos están a la orden del día. Por ejemplo, cuando realizó anuncios publicitarios asociando su imagen con una marca de bebidas alcohólicas.

De inmediato, los organismos pertinentes conversaron con él y le exigieron que cambiara su status a profesional, incluso cuando Álvarez no quería ir al campo rentado.

Todo lo que costó para que un uruguayo se destacara a nivel aficionado quedó en la niebla, y ahora realizan torneos solidarios (el fin de semana habrá uno en el Club de Golf del Uruguay) para recaudar dinero para solventar los viajes de Álvarez a los campeonatos que participa.

Una vez más quedó demostrado que la seriedad y el profesionalismo están muy lejos en el golf uruguayo.

 

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